
Hoy fue un día hermoso. Hoy fue un día que debería quedar para la posteridad en las mentes de todos los que de alguna manera estuvimos presentes en el acontecimiento del cual escribo en este momento. Hoy fue un día donde se puede creer que los sueños se pueden hacer realidad, un día de constatar que la mayoría de nosotros quiere, sueña y desea vivir en paz y que la mezquindad y la ironía aun no contaminan el corazón de todos los hombres.
Hace varios días, leí en la prensa que Juanes, ese maravilloso cantante nacido en la bella Colombia, deseaba organizar un concierto por la paz entre Colombia, Venezuela y Ecuador, y que planeaba que ocurriera nada más y nada menos que en la frontera de Venezuela y Colombia, sobre el Puente Simón Bolívar que separa, o mas bien une, a ambas naciones que se diga lo que se diga, son hermanas, co-dependientes y tan similares que es difícil decir donde comienza una y termina la otra.
Como si fuera poco el asombro y la maravilla que me provocó la noticia, días después leí que Juanes había invitado a varios de sus amigos músicos para que se unieran a esta hermosa causa, y que desde el primer momento ya habían aceptado asistir, los también queridos y maravillosos cantautores españoles Alejandro Sanz y Miguel Bosé, además del también sumamente admirado y seguido Juan Luis Guerra, y por si fuera poco, uno de los músicos colombianos mas consentidos de Venezuela, Carlos Vives, y por supuesto, todo esto sin ningún interés mezquino de hacerse publicidad (cosa que no necesitan para nada ninguno de ellos), ganar dinero o hacer alarde de grandeza, sino todo lo contrario, con muchísimas energías positivas para contribuir de forma amable, feliz, espontánea, artística y humilde con la hermosa propuesta de Juanes. ´

Fueron muchos los nombres que se barajaron en algún momento: que si Shakira aun no confirmaba, que si Ricky Martin estaba interesado en ayudar, que el grupo Maná estaba deseoso de participar, que tal vez Franco de Vita asistiría y también Paulina Rubio, pero a la final solo confirmaron, además de Sanz, Bosé y Guerra, nuestro Ricardo Montaner, un querido compatriota nacido en Argentina pero criado en el propio Maracaibo y más venezolano que una arepa, y Juan Fernando Velasco, un gentil cantante ecuatoriano, quienes con su participación, auguraron un concierto aun más perfecto por contar con representantes de todas las naciones vecinas, hermanas y amigas.
¿Qué les puedo decir del concierto? Si yo que lo vi por televisión apenas podia contener mi emoción ¿Se pueden imaginar una tarima montada en el centro exacto del puente que separa ambas naciones y frente a un espacio común donde la línea entre Venezuela y Colombia es invisible y prácticamente imposible de saber donde se encuentra, llena de miles, o tal vez millones de personas vestidas de blanco, ondeando banderas tricolores: amarillo, azul y rojo, casi idénticas, y que representan a Ecuador, Colombia y Venezuela, personas que caminaron desde ambos países para este sitio común con la intención de decir en paz, con la música y al unísono, ¡¡¡queremos la paz en nuestras naciones!!!?
Es increíble contarles la emoción que se pudo sentir, el amor y el agradecimiento que despertó Juanes en el publico con sus dulces y sabias palabras; la alegría de ver bailar a Miguel Bosé con la música de Alejandro Sanz y Juan Luis Guerra sin molestarse del calor y el sol, disfrutando tanto o tal vez más que el mismo publico; la dulzura de Alejandro, con su carita sudada por el calor inclemente pero tan satisfecho de estar allí; el mensaje de amor de Juan Luis Guerra; la ternura de las canciones de Montaner coreadas por toda esa gente que le conoce desde sus comienzos cuando tan solo en Venezuela y Colombia sabíamos quien es y lo bien que canta; el arte en voz y movimiento de Miguel Bosé que apenas podía contener su emoción de estar allí, lo bello que cantó con Juanes la canción "Nada Particular", sus joviales brincos con Carlos Vives, sus abrazos a Alejandro Sanz; la melena de Vives agitada al viento mientras le gritaba al publico, su público, y como bailaba de un lado al otro del escenario al ritmo de sus vallenatos colombianos; la dulzura de Juan Fernandi cuando cantó sus baladas; cuando todo el mundo canto con Juanes a todo pulmón, sus palabras, su mensaje; los pétalos de flores cayendo del helicóptero sobre la gente, las flores blancas arrojadas por todos ellos desde la tarima a la gente y que eran atrapados y abrazadas por el publico como quien recibe un tesoro…
Era demasiada belleza y emoción que no puede ser explicada.
Solo queda dar las gracias a Juanes por su iniciativa, por ser un ángel que camina entre nosotros, por hacer tangible lo que otros no se atreven ni a soñar.
A Alejandro y Miguel por su cariño con Latinoamérica, por ser personas que no solo tienen ideales sino que los viven y que saben que la gente vale mas que el dinero, la gloria y los discos de oro, por viajar de tan lejos para compartir tanto con aquellos que les aman e idolatran como también con algunos que tal vez no les conocían mucho sino hasta el día de hoy.
A Juan Luis Guerra por vivir el amor verdadero, ese de que tanto habla y que se nota que siente de verdad.
A Vives por ser siempre como es: alegre, vivo, espontáneo y verdadero, amante de su tierra y creyente de la paz.
A Ricardo, por representarnos allí, por ser un cantante valiente quien al contrario del resto de los músicos venezolanos, no sintió miedo ni dejó apoyar una causa que el gobierno venezolano desdeña y quiere destruir.
A Juan Fernando Velasco por venir a recordarnos que Colombia, Venezuela y Ecuador siguen siendo hermanos.
A todos aquellos que ayudaron a Juanes a hacer este sueño posible, los patrocinantes, medios de comunicación de Venezuela y Colombia, y principalmente, al gobierno de Colombia que, al contrario de Venezuela, hizo lo posible por resguardar la seguridad de la gente presente en la frontera.
Finalmente, a todos los que tuvieron la oportunidad de asistir, por dar su grano de arena por la paz de nuestros países.
Mientras exista gente como estos artistas, llamados no solo a las ideas sino también a la acción, este mundo tendrá esperanzas de conocer alguna vez la paz perpetua, el completo respeto y de convertirse en un lugar mejor para la humanidad que lo habita.
Sigamos todos su ejemplo. Gracias.